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Reflexiones tras el clásico. ¿Y ahora qué?


Han pasado cerca de 48 horas desde el final del partido y creo que sigo sin creerme lo que pasó antes de anoche en el Camp Nou. De hecho, he tenido que bajarme el partido (verás como lean esto los de la SGAE) para verlo con un poco más de calma.

Estaréis conmigo en que ni el más optimista de los culés ni el más pesimista de los merengues esperaba un resultado así. Porque un 5-0 es histórico, en el más amplio sentido de la palabra. Quizás, con la memoria reciente del 2-6 no lo pongamos en la perspectiva adecuada, pero yo, que por edad tengo vagos recuerdos de los 5-0 de los años 90, he visto cómo aquellos aficionados algo mayores que yo siguen teniendo esas imágenes frescas en sus retinas, como supongo que nos pasará a los de mi edad dentro de unos años. Sigue leyendo

Fútbol es plural


Tras tres semanas sin escribir (en las que espero que os hayáis aprendido la vilda de Gourcuff y las deficiencias del Bayern) con fiebre de por medio y con algunos problemas con wordpress y la publicación de posts, volvemos a la carga con un artículo jugoso de un habitual, que llevaba tiempo sin aparecer por aquí, Anuar Marrero. Disfrutadlo.

[Por Anuar Marrero, autor de Ceci n’est pas un blog]

No puedo reprimir cierta sonrisa cínica y autocomplaciente al observar la clasificación y comprobar que el Madrid llegará líder al Camp Nou, y virtualmente clasificado en su grupo de Champions si gana al Zurich en casa. Y al comprobar que por el contrario, el Barça a día de hoy está fuera de octavos y se jugará sus opciones ante el Inter, con serias bajas por la gripe A y sin Messi, lesionado en el abductor. Y no se crean, el motivo de dicha complacencia no se debe a mi madridismo declarado, sino a que dicha situación pone de manifiesto una idea que me ha valido más de una discusión futbolística.

En términos metafóricos, podría resumirse con la frase que titula este artículo. En lenguaje más prosaico podríamos cambiarla por una muy sencilla que habremos escuchado en más de una ocasión. Existen muchas maneras de jugar al fútbol, y ninguna de ellas tiene porque ser necesariamente mejor. No se confundan, soy un firme defensor del juego ofensivo, directo y de control de la pelota, pero soy consciente de que esa es mi visión, y que hay quién no la comparte, y prefiere un fútbol más recatado, o más sosegado, o más defensivo. Han coincidido en el tiempo dos equipos muy parecidos, que han dominado el fútbol en estos dos últimos años. El Barcelona y la selección española. Ambos han encontrado en una magnífica generación de centrocampistas la seña de identidad, y basándose en el juego muy elaborado y de toque han conseguido grandes éxitos. Es un modelo de fútbol vistoso, bello para el espectador y elaborado.

Pero lejos de esto estamos asistiendo a un ejercicio de onanismo colectivo, olvidando viejas miserias, ahora parece que no hay vida más allá de las propuestas de estos dos equipos. Fútbol es el Barça y España, y quién no juegue así juega mal. ¿Cómo es posible entonces que ese Madrid defenestrado y que tan mal juega llegue al Nou Camp mirando desde lo más alto de la tabla?, ¿cómo es posible que el excelso juego blaugrana no haya conseguido la clasificación para octavos de Champions?. La respuesta es sencilla. Porque fútbol es plural e imprevisible. Os parecerá una aberración, pero a mí el fútbol excesivamente elaborado me aburre. Me aburren las jugadas de 30 o 35 toques, el ritmo en ocasiones monótono que genera este fútbol. Prefiero el ritmo frenético, la salida rápida del balón, la aceleración en tres cuartos de campo, la electricidad de los extremos.

Podríamos trasladar al fútbol la teoría económica de la ventaja comparativa. Es decir, cada equipo debería especializarse en aquello que hace relativamente mejor. Balón hay uno en el campo y los dos equipos no pueden tener un 75% de posesión. Por lo tanto habrá que articular otras formas de encarar los partidos. El Barça lo ha hecho muy bien. Se ha basado en su fuerte que es el toque y la combinación y el año pasado maravilló al mundo. Pero no es la única manera. Sin ir más lejos, el Athletic consiguió el empate especializándose en lo que mejor se le da; el choque, la garra, la intensidad, el empuje y la fe. Y fue suficiente para contrarrestar los argumentos de los de Guardiola.

No pretendo defender el juego del Real Madrid. Es evidente que los blancos no han encontrado su juego, como consecuencia, a mi parecer, de una deficiente estructuración y planificación de la plantilla. Pero a falta de eso, han sabido sacar provecho de una de sus ventajas, la facilidad para hacer gol. Y ello les ha valido para llegar líderes al clásico, y virtualmente clasificados en Champions.

A partir de ahora puede pasar de todo. Puede que el Barça haga un partido excelso contra el Inter, se clasifique para octavos y golee al Madrid en el Camp Nou. Si pasa eso no quiere decir que el fútbol me haya quitado la razón. De la misma manera que si el Barça se queda fuera de octavos y no consigue la victoria el domingo que viene, no me la habrá dado. Tampoco se habrá cometido una injusticia bíblica contra este deporte y su belleza. Es posible que España gane el mundial, pero lo puede hacer Argentina, Brasil, porque no Portugal. Y el fútbol seguirá proclamando en silencio que, en realidad, su género es plural, Y habrá quién no esté de acuerdo. Y por ello seguiré amando este deporte.