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El negro futuro de la ‘casa blanca’


[Por Anuar Marrero]

Hank Moody, el escritor interpretado por David Duchovny en Californication, asegura que sólo se puede escribir bien sobre lo que a uno “le pone cachondo”. Afortunadamente, el Real Madrid no me excita sexualmente ni espero que lo haga próximamente. Pero a lo que realmente se refiere Hank es que hay que escribir sobre aquello que sentimos, que nos llega. Y es por eso que con el permiso del editor del blog, y con el vuestro tácito, generalmente suelo escribir sobre el Madrid. Pero no se confundan, siempre he sido un aficionado bastante crítico. Soy consciente de que es un club prepotente y engreído, demasiado convencido de su grandeza y con  demasiada tendencia a la incompetencia. Qué se le va a hacer. Yo, al contrario de lo que aseguraba Zury en un post anterior, no creo que ser de un equipo sea un orgullo, sino una cruz que hay que acostumbrarse a llevar.

Y digo esto porque se aproxima uno de esos momentos en los que el equipo blanco tiene que tomar decisiones importantes, y esto es peligroso en un club que no desaprovecha una oportunidad de equivocarse. Y quiero escribir esto antes de saber si el Madrid gana o no la liga. Porque me parece que un punto, el gol average o un gol no pueden condicionar el balance de una temporada. Para no liarme y hacer esto más ameno, dividiré el post en diversos temas.

  • Entrenador. Quizás la pieza clave en estos momentos. Aunque me joda coincidir con Marca, no soy partidario de que siga Pellegrini. Desde luego es el que menos culpa tiene de los errores del Madrid, pero me parece que la evolución del equipo ha sido insuficiente, y nunca ha tenido demasiado claro cómo llegar a donde quería. Si se despide al chileno, es para traer a un entrenador de renombre, con autoridad indiscutible y un proyecto a largo plazo. El omnipresente es Mourinho, que me genera sensaciones contrapuestas. Futbolísticamente me gustaría ver que es capaz de hacer Mou ante la exigencia de jugar bien y de manera ofensiva. Seguro que conseguía alguna solución. Por otra parte, no creo que el entorno institucional y mediático sea capaz de resistir al portugués más allá de una temporada. También suena Benítez, aunque su fútbol sólido y poco alegre no cuajaría en el Bernabeu. Desde luego la opción perfecta sería Wenger, aunque está claro que no vendrá. Lo mejor sería tirar de creatividad y buscar a un entrenador joven, con gusto por el buen juego y algo de nombre. Mi opción es Laurent Blanc, técnico que ha asombrado a Francia y al mundo con su Girondins.

  • Fichajes. Aunque es evidente que la plantilla tiene algunas carencias, es absurdo engañarse. La plantilla del Madrid está entre las tres o cuatro mejores del mundo. Con lo que tiene le debería dar para ganarlo todo. Por ello creo que no es prioritario fichar. Es obvio que es necesario algún jugador de banda, un lateral izquierdo y, dependiendo de las salidas algún centrocampista. El único fichaje que realmente daría un salto de calidad al equipo sería Fábregas. Pero es muy complicado que venga. Gastarse grandes sumas de dinero en Ribery o Agüero tan sólo desequilibraría aún más al equipo. Lo verdaderamente importante es encontrar un sistema de juego, un modelo sobre el que pudieran reposar los jugadores. Sin contemplar la posibilidad de Fábregas, yo me decantaría por Silva (¿Arshavin?), Un lateral izquierdo (Tremoulinas, Cole, Evra, Emanuelson en plan imaginativo) y algún medio (De Rossi). Es decir, jugadores de nivel medio alto que completen una plantilla suficientemente habitada por cracks.
  • Modelo de juego. Este es un gran problema en el Madrid. No tiene claramente definido un estilo de juego. Y eso le deja sometido a los bandazos de cada entrenador, desestructura el equipo y obstaculiza el trabajo con la cantera. Por ello, el próximo técnico que venga deberá hacer lo que hizo Cruyff en el Barça; crear un estilo, un modelo propio que perdure al margen de presidentes, entrenadores o jugadores. Esa es la gran ventaja que tiene el Barça sobre el Madrid. Y es ahí precisamente donde Mourinho me genera dudas. Por otra parte quizás sea una tarea demasiado grande para cualquier entrenador, y el Madrid sea demasiado orgulloso para cederle a alguien dicho cometido.

Esa es mi humilde opinión sobre lo que el Madrid debería hacer. Pero tengo muy claro lo que hará. Fichará a Mourinho y a uno o dos cracks, todos para el ataque. El Madrid volverá a jugar mal, lastrado por la exigencia de titularidad de sus estrellas, pero de mano del portugués algo ganará. Seguirá por ese camino hasta que el modelo se agote o haya elecciones y vuelta a empezar. Yo por si acaso voy a guardar este post. Seguro que en uno o dos años lo puedo volver a publicar cambiando algún que otro nombre.

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La prepotencia encubierta


[Por Anuar Marrero]

Desde hace algún tiempo, he detectado en el Barcelona y su entorno (prensa y aficionados), una actitud que a mi parecer está cargada de prepotencia. No es evidente, ya que los jugadores del Barça, capitaneados por el intachable Guardiola, suelen medir mucho sus declaraciones, y hasta ahora son tenidos por modélicos. Pero si analizamos con perspectiva y nos detenemos en el trasfondo de las palabras y declaraciones que se escuchan en las contadas ocasiones en las que el equipo no consigue la victoria, estas destilan un profundo sentimiento de superioridad.

Todos los equipos grandes son más o menos lo mismo. Cada uno con un modelo, peor o mejor gestionado, pero que en ningún caso garantiza victorias. El futbol es profundamente cíclico, y todos los modelos han pasado por penurias y grandes éxitos. En los últimos años Europa ha sido dominada primero por equipos españoles capitaneados por el Madrid “galáctico” de Florentino, luego este se hundió y dio paso al dominio del Milan y los equipos italianos. Posteriormente fue el turno de Chelsea, Manchester y el estilo inglés, que dio paso a la superioridad del Barça de Rijkaard y el de Guardiola. Todos estilos diferentes. Todos exitosos.

Pero cuando el Barça pierde, las explicaciones de la derrota se basan en descalificar la propuesta del contrario. Es usual leer en prensa y escuchar a aficionados frases como “es que contra 11 tíos metidos en el área no se puede jugar”, “es que el equipo dio muchas patadas”, “solo hubo un equipo que quiso jugar” etc. Parece subyacer en el discurso el siguiente planteamiento: “El estilo del Barça es infalible y muy superior al resto y sólo puede perder por demérito propio o porque el rival se vale de estrategias poco lícitas”.


El último caso lo hemos vivido contra el Inter. El discurso era claramente descalificatorio contra la propuesta de Mourinho. Solo hay que acudir al Sport o al Mundo Deportivo para darse cuenta de eso. Además el equipo que nunca habla de los árbitros, cuando se siente afectado lo saca a la palestra. El prepotente y el engreído, atribuyéndose más mérito del que le corresponde, suele obviar los elementos azarosos que le llevan a la consecución del éxito. Pero no duda en utilizarlos para descalificar los logros ajenos. No decir nada después del arbitraje de Ovrebo el año pasado contra el Chelsea y atribuir parte de la derrota contra el Inter a la actuación arbitral responde perfectamente a este esquema.

Esta mentalidad, generalmente presente en la prensa catalana, se generaliza con el chovinismo imperante en jornadas de Champions. En los análisis post-partido, De la Morena, en la SER, llegó a criticar el planteamiento excesivamente defensivo del Inter. Un equipo que salió con tres delanteros, un medio ofensivo, un organizador y un lateral ofensivo. Un equipo que situó la línea de presión en la defensa del Barça y tuvo hasta 7 oportunidades claras de gol. Pero en el fondo se encuentra la resistencia a reconocer que la propuesta futbolística del Inter se impuso a la del Barça, que su estilo no es omnipotente. Evidentemente esto no es generalizado y no afecta a todos. Guardiola defiende su propuesta porque es su forma de entender el fútbol. La defenderá siempre, pero no la considera superior.

Que se mantenga esta actitud en una prensa deportiva hecha por ultras, para ultras y con una calidad ínfima no es extraño. Pero el aficionado cabal y los jugadores no deberían dejarse contaminar por esa prepotencia encubierta con buenas palabras. Es muy lógico estar orgulloso del modelo del Barça, que le está llevando a cosechar títulos. Pero no está de más recordar que con el mismo modelo el Barça estuvo más de 13 años sin ganar la Champions League, mientras otros estilos opuestos se paseaban victoriosos. Defiendan su estilo, pero no lo impongan.

Fútbol es plural


Tras tres semanas sin escribir (en las que espero que os hayáis aprendido la vilda de Gourcuff y las deficiencias del Bayern) con fiebre de por medio y con algunos problemas con wordpress y la publicación de posts, volvemos a la carga con un artículo jugoso de un habitual, que llevaba tiempo sin aparecer por aquí, Anuar Marrero. Disfrutadlo.

[Por Anuar Marrero, autor de Ceci n’est pas un blog]

No puedo reprimir cierta sonrisa cínica y autocomplaciente al observar la clasificación y comprobar que el Madrid llegará líder al Camp Nou, y virtualmente clasificado en su grupo de Champions si gana al Zurich en casa. Y al comprobar que por el contrario, el Barça a día de hoy está fuera de octavos y se jugará sus opciones ante el Inter, con serias bajas por la gripe A y sin Messi, lesionado en el abductor. Y no se crean, el motivo de dicha complacencia no se debe a mi madridismo declarado, sino a que dicha situación pone de manifiesto una idea que me ha valido más de una discusión futbolística.

En términos metafóricos, podría resumirse con la frase que titula este artículo. En lenguaje más prosaico podríamos cambiarla por una muy sencilla que habremos escuchado en más de una ocasión. Existen muchas maneras de jugar al fútbol, y ninguna de ellas tiene porque ser necesariamente mejor. No se confundan, soy un firme defensor del juego ofensivo, directo y de control de la pelota, pero soy consciente de que esa es mi visión, y que hay quién no la comparte, y prefiere un fútbol más recatado, o más sosegado, o más defensivo. Han coincidido en el tiempo dos equipos muy parecidos, que han dominado el fútbol en estos dos últimos años. El Barcelona y la selección española. Ambos han encontrado en una magnífica generación de centrocampistas la seña de identidad, y basándose en el juego muy elaborado y de toque han conseguido grandes éxitos. Es un modelo de fútbol vistoso, bello para el espectador y elaborado.

Pero lejos de esto estamos asistiendo a un ejercicio de onanismo colectivo, olvidando viejas miserias, ahora parece que no hay vida más allá de las propuestas de estos dos equipos. Fútbol es el Barça y España, y quién no juegue así juega mal. ¿Cómo es posible entonces que ese Madrid defenestrado y que tan mal juega llegue al Nou Camp mirando desde lo más alto de la tabla?, ¿cómo es posible que el excelso juego blaugrana no haya conseguido la clasificación para octavos de Champions?. La respuesta es sencilla. Porque fútbol es plural e imprevisible. Os parecerá una aberración, pero a mí el fútbol excesivamente elaborado me aburre. Me aburren las jugadas de 30 o 35 toques, el ritmo en ocasiones monótono que genera este fútbol. Prefiero el ritmo frenético, la salida rápida del balón, la aceleración en tres cuartos de campo, la electricidad de los extremos.

Podríamos trasladar al fútbol la teoría económica de la ventaja comparativa. Es decir, cada equipo debería especializarse en aquello que hace relativamente mejor. Balón hay uno en el campo y los dos equipos no pueden tener un 75% de posesión. Por lo tanto habrá que articular otras formas de encarar los partidos. El Barça lo ha hecho muy bien. Se ha basado en su fuerte que es el toque y la combinación y el año pasado maravilló al mundo. Pero no es la única manera. Sin ir más lejos, el Athletic consiguió el empate especializándose en lo que mejor se le da; el choque, la garra, la intensidad, el empuje y la fe. Y fue suficiente para contrarrestar los argumentos de los de Guardiola.

No pretendo defender el juego del Real Madrid. Es evidente que los blancos no han encontrado su juego, como consecuencia, a mi parecer, de una deficiente estructuración y planificación de la plantilla. Pero a falta de eso, han sabido sacar provecho de una de sus ventajas, la facilidad para hacer gol. Y ello les ha valido para llegar líderes al clásico, y virtualmente clasificados en Champions.

A partir de ahora puede pasar de todo. Puede que el Barça haga un partido excelso contra el Inter, se clasifique para octavos y golee al Madrid en el Camp Nou. Si pasa eso no quiere decir que el fútbol me haya quitado la razón. De la misma manera que si el Barça se queda fuera de octavos y no consigue la victoria el domingo que viene, no me la habrá dado. Tampoco se habrá cometido una injusticia bíblica contra este deporte y su belleza. Es posible que España gane el mundial, pero lo puede hacer Argentina, Brasil, porque no Portugal. Y el fútbol seguirá proclamando en silencio que, en realidad, su género es plural, Y habrá quién no esté de acuerdo. Y por ello seguiré amando este deporte.