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Valverde conquista Grecia


El fútbol es grande, realmente grande. Hace que cosas que no deberían importante lo más mínimo, se conviertan en cuestión de vida o muerte, o algo más importante, que diría el mítico Bill Shankly.

Hace diez años, apenas sabía qué era Upton Park y hoy disfruto como un ‘hammer’ más cada jornada los milagros del maestro Zola. Me cabreo cuando, como este fin de semana, la Juve golea a mi querida Roma, y sufro con la irregular temporada del Werder Bremen de Schaaf.

Supongo que también pasará con otros deportes, y que mi amigo Álvaro sentirá  como suyas las victorias de los Spurs o Fran Fermoso se cabreará con Boozer cada vez que hace un partido lamentable con los Utah Jazz.

En realidad os cuento esto porque gracias al fútbol, el otro día esbocé una sonrisa, por algo que se supone que para alguien como yo debería ser intrascendente. El Olympiacos ha ganado la liga en Grecia.

Diréis, y con razón, que estoy loco, y que a alguien como yo no debería importarle si gana el Olympiacos, el Panathinaikos, el Atromitos o su puta madre. Pero no. El Olympiacos es campeón y me alegro.

valverde-olympiacosMe alegro por Valverde, que es un entrenador milagro, y que apuesta por el juego ofensivo. El ‘txingurri’ ha hecho campeón a los del Pireo a tres jornadas del final superando a sus archirivales del Panathinaikos, que han llegado a octavos de la Champions en un grupo con el Inter y el Werder Bremen. Pero es que además, tiene al equipo en las semifinales de la Copa griega y puede conseguir el doblete.

Además, me alegro por Valverde porque es un currante, que consigue fantásticos resultados, y que quizá no tenga el reconocimiento que se merece. Debutó como entrenador en el Athletic en 2003 y consiguió la proeza de clasificar al equipo para la Copa de la UEFA con un fantástico quinto puesto. Durante la temporada siguiente, las desavenencias con el presidente Lamíkiz le obligaron a renunciar a su cargo a pesar de haber llevado al equipo a semifinales de la Copa del Rey y acabar noveno en Liga.

Tras su marcha, el Athletic no ha levantado cabeza. En la 2005-2006 llegaba Mendilíbar, un entrenador joven y con ambición al que apenas dejaron trabajar y fue sustituido por Clemente a las pocas jornadas de llegar. El Athletic acabó duodécimo. La temporada siguiente con Sarriugarte y Mané, el equipo estuvo a punto de descender y acabó decimoséptimo. El año pasado con Caparrós, las cosas mejoraron y el equipo acabó en mitad de tabla, aunque aún no ha mejorado los registros de Valverde.

Así que volvamos a él, a Valverde. Tras salir del Athletic, estuvo un año sin entrenar. Y en 2006 llegó al Espanyol. De nuevo un milagro. En la Liga, zona tranquila y ese año, la final de la UEFA en Glasgow. Una tremenda decepción tras perder en los penaltis frente al Sevilla, pero un logro histórico para llegar hasta ella.

La pasada temporada de nuevo dejó al Espanyol en mitad de tabla, pero la directiva de Sánchez Llibre decidió su no continuidad para darle los galones al que fue su segundo ‘Tintín’ Márquez. Ahora, el Espanyol vive una situación crítica, en puestos de descenso y con tres inquilinos diferentes en el banquillo.

Mientras tanto, Valverde decidió apostar por la aventura griega y decidió firmar por un Olympiacos con más tradición baloncestística que futbolística pero que es uno de los grandes del fútbol heleno. Y este fin de semana, campeón de la Super Liga.

Y esta Liga ha sido gracias a gente como Diogo, un delantero brasileño, que en breve será una estrella, como el argentino Belluschi que salió de River como estrella y ha comenzado a rendir en Europa, el incombustible Djordjevic, el español Óscar González, ex de Valladolid y Zaragoza o ‘huesitos’ Galletti, con unos registros goleadores nunca vistos hasta ahora.

190808_OSFP_ALXALIL_22.jpgPero yo quería hablaros un jugador por el que me alegro especialmente. Quizás no le conozcáis demasiado, así que servirá como carta de presentación. Es el brasileño Dudú Cearense. Lo vi por primera vez en el Mundial sub-20 de Emiratos Árabes Unidos, (ese en el que la España de Iniesta perdió la final frente a los cariocas con un gol de Fernandinho en los minutos finales) con sus medias blancas subidas hasta las rodillas, recuperando y distribuyendo, pero también marcando goles. Desde ese momento pensé que sería el mediocentro del futuro, y me preguntaba cómo un tipo así podía estar desperdiciándose jugando en la liga de Japón.

Ese verano lo cedieron al Rennes francés y luego llegó el gran traspaso al CSKA de Moscú donde cuajó grandes partidos en 3 años, pero donde también cayó en el olvido para el escaparate internacional.

Este verano llegó al Olympiacos, se hizo indiscutible y este fin de semana marcó el gol de la victoria ante el Panionios. Un gol que vale una liga.

PD: No quiero olvidarme de Kovacevic, que también es campeón, pero es tan grande que se merece un post exclusivo para él solo.

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Arios en San Petersburgo


El Zenit de San Petersburgo era un equipo que me caía bien e incluso quería que hubiese pasado a la siguiente fase de la Champions. Salté con cada uno de los cuatro goles que le endosaron al Bayern de Munich en la vuelta de las semifinales de la Copa de la UEFA el año pasado, me alegré de que ganaran la final de esa competición a un aburrido Rangers y sobre todo, disfruté viendo cómo, de la mano de un majestuoso Danny, bailaban al todopoderoso Manchester United en la final de la Supercopa de Europa de este verano.

Sin embargo, esos sentimientos de simpatía hacia este equipo ruso, han dado un vuelco de repente, cuando navegando por la red, me he encontrado con este artículo de Rubén Amón en su Blogoal! de elmundo.es.

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Resulta que el Zenit es el único equipo de Europa sin ningún componente negro, mulato o mestizo en sus filas. Ni titulares, ni suplentes, ni entrenador, ni ayudantes, nadie. Esto, en el mundo globalizado en el que nos movemos, resulta, al menos curioso. Pero deja de ser curioso para convertirse en preocupante cuando te enteras de que los ultras del Zenit son de los más violentos de Europa, y también de los más racistas. Afirman orgullosos que los equipos de Moscú son inferiores porque tienen la sangre impura y mezclada con la de otras razas y proclaman al estadio Petrovsky como bastión de la raza aria y de la superioridad blanca.

Puedes decir, bueno… son ultras… y por tanto son gilipollas, por eso dicen esas tonterías; además, los ultras de la mayoría de equipos españoles, no están muy lejos de las ideas de sus ‘colegas’ de San Petersburgo. Cierto.

El verdadero problema viene al leer estas declaraciones que hizo técnico del conjunto ruso, Dick Advocaat, poco antes de jugar la final de la UEFA la pasada campaña. Sus palabras hacen ver que la fuerza de esos radicales en el club patrocinado por Gazprom es muy grande, tanto, que han silenciado al resto de aficionados y lo que es peor, han conseguido la complicidad de la directiva y del cuerpo técnico, que en vez de expulsarlos o al menos, oponerse a ellos, satisfacen sus demandas sin el más mínimo rubor. Lamentable.

Es una pena, porque me gustaba ver jugar al Zenit, los goles y el pundonor de Pogrebnyak, la magia de Arshavin, la elegancia de Danny, la calidad de Zyryanov y el descaro del joven Faizulin, pero creo que no me volveré a alegrar de un gol de los de San Petersburgo hasta que esta situación no varíe.

PD: Me acabo de hacer del Luch-Energia de Vladivostok. Un equipo que juega en la liga rusa, pero que es de una ciudad que está al lado de China. Si jugase la Champions contra algún equipo español, además de un viaje de 9.700 kilómetros, y un frío siberiano, el partido en campo ruso sería a las 12 de la mañana de España. No me digáis que no sería brutal.

PD 2: El señor que veis en la foto es Vágner Love, negro, brasileño y estrella del CSKA de Moscú. Ójala le marque muchos goles al Zenit, porque ellos se lo pierden.