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¡Pobre fútbol italiano!


No me gusta Ranieri. Nada. Es buen tipo, e incluso le recuerdo varias anécdotas en sus ruedas de prensa con el Valencia y el Atlético de Madrid, le ganó al Madrid en Champions con un buen planteamiento y un juego efectivo. Pero sus equipos son muy aburridos. Tanto, que ha ‘conseguido’ que a un entusiasta del Calcio como yo, que además llevaba tiempo queriendo ver con detalle un partido de la Juventus, le dieran ganas de apagar el ordenador e irse a hacer cualquier otra cosa.

Esto sería normal si el partido hubiese acabado 0-0, pero lo verdaderamente preocupante es que el Juventus-Chievo Verona de esta tarde, ha terminado 3-3. Más allá de los 6 goles, del hat-trick de un currante como Pellissier, de Chiellini, su máscara y su gol o de la resurrección de Camoranesi que ha sido el más determinante de la Vecchia Signora, el partido deja conclusiones preocupantes.

La primera, específica. El déficit de talento en la Juve. Con Nedved en el banquillo, sólo Del Piero y Giovinco parecen ser jugadores diferentes, capaces de sacar al espectador del tedio y cuando, como hoy, no reciben balones, el equipo se diluye. El resto, morralla. Marchisios y Marchionnis deambulan por un medio del campo turinés, en el que sólo Tiago parece aportar algo de luz. Y así no se va a ninguna parte.

La segunda, más general. La crisis galopante del fútbol transalpino. Parece que a los aficionados les está pasando lo que a mí esta tarde. Los estadios vacíos son el primer síntoma. Lejos quedan ya aquellos años de finales de la década de  los 90 en los que hasta siete equipos tenían posibilidades reales de ganar el Scudetto y brillaban en Europa. Aquel Parma de Buffon, Thuram y Crespo, la Lazio de Nesta, Dejan Stankovic y Verón y la Fiorentina de Rui Costa y Batistuta se sumaban a Inter, Milan, Roma y Juventus y hacían del Calcio la mejor liga del mundo.

Hoy en día, para desgracia de los que como yo disfrutamos con el futbol de Italia, el Scudetto no es ni la sombra de aquel que asombraba al mundo. Ningún representante en cuartos de final de la Champions League. Un Inter diseñado a medida de Mourinho para ganarlo todo, que se estrelló contra el Manchester United y se fue para casa sin poder hacer nada y un Milan convertido en un cementerio de elefantes, en el que sólo se salvan Pirlo, Kaka’ y el fantástico y precoz Pato, que sufrirá hasta el final para meterse en Champions son el fiel reflejo de una decadencia que parece no tener fin.

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La liga está perdiendo competitividad, y lo peor, que no se atisba una salida. La clase media-alta (Fiorentina, Napoli, Genoa, Udinese…) trata bien la pelota y suele apostar por el fútbol, pero siguen estando varios escalones por debajo de la aristocracia futbolística italiana y la Roma, que podría ser el animador del campeonato sufre una enorme depresión desde principio de temporada. Así, la única alternativa a este Inter al que un grandísimo Ibrahimovic le está bastando para liderar la liga con solvencia, es la Juventus, esa Juventus que ha hecho que me aburra a pesar de empatar a tres, esa Juventus de Ranieri, que a pesar de ser un buen tipo, no me gusta nada.

PD: Partidazo Manchester United-Aston Villa, vibrante veloz y divertido. Y a pesar de la derrota en el descuento, sigo siendo muy de Martin O’ Neill, y me encantaría que se  acabase metiendo en Champions.

La mística de los números


Nunca me han gustado los números y quizá por eso estudié Periodismo, pero comprendo que en esto del fútbol tienen una mística especial. Ya no hablo de estadísticas, de récords, de cantidad de títulos, que también, sino de los dorsales.

Durante toda la historia del fútbol, los grandes jugadores siempre han tenido un número que les ha acompañado. Todos recordamos el ’14’ de Cruyff, el ’10’ de Pelé, el ’10’ de Maradona, el ’10’ de Puskas y más recientemente el ‘7’ de Cantona y Butragueño y el ‘4’ de Guardiola.

Los números eran especiales, se elegían por superstición, por preferencia, pero sobre todo porque hablaban del jugador. Un ’10’ siempre tenía magia en sus botas. El ‘5’ era el encargado de robar y distribuir. Y el ‘9’ era el matador, el definidor, el hombre gol.

Hoy en día todo eso se ha diluído como un azucarillo en un amargo café. El márketing ha entrado de lleno en la elección de los dorsales, y vemos como Nike ya ha hecho suya la marca CR7 o cómo Beckham eligió el 23 de Jordan cuando llegó al Real Madrid.

Todo esto lo he pensado esta tarde mientras veía el derbi de Milán entre Milan e Inter. Me hacía daño a la vista ver a Ronaldinho marcar un cabezazo fantástico con el ’80’ a la espalda, a Shevchenko salir del banquillo con el ’76’ o a Flamini repartir más estopa que juego con el ’84’ en el equipo de Ancelotti o a Quaresma con el ’77’ y Mancini con el ’33’ en los neroazzurros.

Pero es que también hemos visto a Lucarelli con el ’99’ en el Livorno, al central Boulahrouz con el ‘9’ en su camiseta ‘blue’ del Chelsea, a Buffon con el ’77’ en la portería del Parma o al mediocampista argentino Ardiles en el Mundial de España 82′ y al mediocentro griego Kafes con el  ‘1’. ¡¡¡Con el ‘1’!!! que es sagrado, que es singular, único, solitario… como el portero.

PD: Hablando de porteros, ayer pudimos leer en la prensa que el ex-guardameta del Atlético de Madrid Christian Abbiati “comparte los valores del fascismo” lo único que puedo decir es… peor para él.

¡¡¡Por fin!!!


¡¡¡A la mierda los análisis futbolísticos!!!, han pasado casi 48 horas y aún no me lo creo. Nací el 7 de julio de 1986, voy a cumplir 22 años, y por tanto soy de esa generación que no ha visto a España pasar de cuartos de final de una gran competición internacional, así que ahora estoy en una nube.

Yo era de los escécpticos (o cagones si preferís). No me fiaba de Luis Aragonés, no me fiaba de Marchena, pero sobre todo no me fiaba de Italia. Era una lucha contra la historia, llevábamos 88 años sin ganarles, teníamos en la mente el codazo de Tassotti a Luis Enrique y, para que engañarnos, cualquier tuercebotas asusta mucho más cuando le ves cantando el fratelli d’Italia vestido con la camiseta azzurra de la selección.

Es cierto que faltaba la pareja del Milán, el arquitecto Pirlo y el obrero Gattuso, ambos sancionados, además de los lesionados Cannavaro y Totti (que no está entre los 23 convocados) y de Nesta (retirado de la selección). Pero estaba Buffon, estaba De Rossi y estaba Luca Toni. El delantero del Bayern de Munich no ha marcado ningún gol en el campeonato, pero en el área lo remata todo y es un incordio para cualquier central.

No sé si en realidad fue así porque la tensión pudo conmigo, pero el partido me pareció tosco, con dominio alterno, con España tocando en el medio del campo y con pocas ocasiones. Por el lado español recuerdo la de Silva, que pegó en el poste que está detrás de la portería, el control con la mano de Güiza cuando se quedaba prácticamente sólo, y el trallazo de Senna desde la frontal del área que se le escapó a Buffon y pegó en el palo. Los italianos tuvieron un cabezazo de Di Natale que Casillas despejó de forma espectacular y un tiro de Camoranesi desde dentro del área que el portero del Real Madrid sacó con el pie, haciendo gala de unos reflejos increíbles.

A pesar de que los italianos estaban fundidos físicamente, consiguieron que se llegara a la prórroga con el empate a cero, y aguantaron los treinta minutos de tiempo suplementario. Así que, todos a temblar, llegaban los penaltis.

El guión del encuentro parecía escrito por los italianos, que se mueven como peces en el agua en este tipo de situaciones, y además, siempre que España había jugado un 22 de junio en alguna gran competición, había acabado cayendo en la lotería de los penaltis. Pero por una vez, la historia iba a ser diferente el 22 de junio de 2008 en el Ernst Happel de Viena.

Tiramos primero, Villa frente a Buffon, un especialista en parar penaltis, de 1’93 de estatura, que parece un gigante en esos momentos. Pero el asturiano no se amilanó y engañó al portero de la Juventus. Grosso hizo el empate a uno. Cazorla nos puso en ventaja y a partir de aquí volvió aparecer la figura de Casillas, que con una majestuosa estirada le detuvo el penalty a De Rossi. Senna que se había lesionado durante el encuentro cogió el balón y batió por el centro a Buffon. 3-1 en la tanda.

Camoranesi hizo el 3-2 y era el turno de Güiza. El jerezano es un buen lanzador, pero se le veía nervioso, y había una sensación general de que fallaría el penalty. Desgraciadamente no nos equivocamos y Buffon adivinó el lanzamiento. Di Natale podía empatar la tanda a tres, pero de nuevo Casillas se erigió en héroe, al igual que en aquella final de la Copa de Europa de Glasgow, o en los penaltis frente a Irlanda en el Mundial de Corea-Japón. El de Móstoles es de otro planeta, yo no vi jugar ni a Iríbar, ni a Arconada pero Iker está como mínimo a su altura. Despejó el balón y llevó la ilusión a casi 46 millones de españoles.

Pero la fiesta no era completa. Había que meter la última pena máxima y el encargado de lanzarla fue Cesc Fábregas. Un chaval que acaba de cumplir 21 años, y que, aunque ya es una figura en el Arsenal, no es titular con la selección. Con el corazón en un puño le vimos tomar carrera mascullando algo entre sus labios, cogió el balón con seguridad y marcó. En España estalló la alegría, daba igual si eras del Barcelona o del Real Madrid, había abrazos, saltos, locura y baños en las fuentes públicas de casi todas las ciudades. España se había cargado a los vigentes campeones y había hecho historia. ¡¡¡Estábamos en semifinales!!!

Esta fue la tanda de penaltis

PD: Y ahora vienen los rusos. Para ir entrando en ambiente os dejo al estadio Luzhniki de Moscú cantando el himno ruso. Visto así, impresiona.

PD 2: Parafraseando a otro de mis amigos. ¡¡¡Grazie Mille Iker!!!