Armas de modestia


[Por Fran Reyes]

Volver a la Primera División nunca es fácil. Es un dogma que se cumple prácticamente sin excepción, es más difícil llegar que mantenerse. La Segunda División es un pozo donde cada año caen tres equipos, y de donde escapan otros tres hacia metas mayores… y cuatro hacia lo que ya no es un pozo, sino directamente un inframundo, Segunda B.

Volver a la Primera División nunca es fácil. Sporting de Gijón, Málaga y Numancia, los ascendidos de la temporada 2008/09, han tardado diez, dos y tres temporadas, respectivamente, en volver al primer nivel del fútbol nacional. Ninguno ha tenido un inicio plácido: las dificultades propias de la adaptación a una nueva categoría no han pasado de largo, sino que se han detenido a golpear a los tres por igual. Sporting y Numancia, además, han sufrido las vicisitudes derivadas de los caprichos del calendario, enfrentándose a la temible ráfaga de encuentros consecutivos frente a Sevilla, Barcelona, Real Madrid y Villarreal. Pero se han sobrepuesto, no todo han sido sombras.

El Numancia fue la sensación del inicio de la Liga. Un equipo tan bien plantado como pobre supo hacer frente a un Barça aún verde, marcar un gol con el futbolista peor pagado de Primera División (Mario Martínez) y aguantar el asedio numantino planteado por Guardiola durante casi ochenta minutos. Toda la prensa se apresuró en hablar de las apreturas de su presupuesto, del hecho de que todos los jugadores del club fueran españoles, del milagro efectuado por el técnico croata Sergio Kresic. La oleada mediática prosiguió cuando, merced a una efectividad inusitada (y un Moreno inspirado), consiguió anotar tres goles frente al Real Madrid… aunque luego los de Schuster marcaran cuatro.

Después pasó al anonimato. Derrota frente a Villarreal y Mallorca, meritorio empate ante el romo Osasuna de este año, y esta jornada de nuevo derrota frente al versátil Deportivo de Lotina. Ya hemos vuelto a situar al Numancia de Soria como un equipo modesto, sin historia, destinado a las profundidades de la clasificación. Ya hemos olvidado la fortaleza de la que dota el planteamiento táctico de Kresic al equipo castellano-leonés.

La portería, en las [buenas] manos del curtido guardameta nacido deportivamente en el Alavés Juan Pablo, parece decente para Primera División. 4-1-3-2 que se convierte en un 4-5-1 a la hora de defender. Las bandas bien armadas con las parejas defensiva-ofensiva formadas por Juanra-Del Pino por la derecha y Domingo Cisma-Quero por la izquierda. Especial atención para estos últimos: Domingo Cisma es una lateral izquierdo con mucho recorrido, cedido por el Almería para que acabé de curtirse; por su parte, Juan Quero es el típico extremo zurdo, ratón y sacrificado, que tendrá que competir con el solvente Juan Carlos Moreno para hacerse su hueco. Nagore, desde la posición de 4, es el eje del equipo; el poderoso Asier Goiria y Gorka Brit son los estiletes, jugadores a los que se les queda grande la Primera División… pero que pueden dar la sorpresa.

Capacidad de dar la sorpresa a la que tiene que aferrarse el Sporting de Gijón. Su bloque, de Segunda División, debe encomendarse a su capacidad de sacrificio y a los chispazos de calidad de algunos de sus mejores futbolistas para mantenerse en Primera. Preciado intercambia casi sin efecto negativo para el equipo a todos sus elementos; sólo Sastre, Canella, Matabuena y Diego Castro han jugado todos los partidos. Y es que estos cuatro jugadores, junto a Bilic y Kike Mateo, son la columna vertebral del equipo.

Sastre es un lateral derecho físico y veterano, prácticamente la antítesis del zurdo, joven y talentoso Canella, un futbolista al que deberíamos ver en equipos de mayor enjundia en poco tiempo. Por delante suya, completando bandas casi simétricas, Kike Mateo es un interior derecho de talento casi ilimitado; mientras, Diego Castro es un zurdo potente y capaz. Matabuena es el mediocentro destructor por antonomasia, criado en el Racing y asentado en Gijón. Y, por último, Bilic es un ariete de la escuela balcánica, típico: fuerte, alto, poco dotado técnicamente pero luchador. Gracias a eso encabezaba el Pichichi hace unas jornadas.

Pese a que estos elementos parecen adecuados para un buen equipo de Primera, falta algo más. La debilidad de los centrales sportinguistas (Neru, Cámara, Colin, Gerard Autet…) es poco menos que alarmante; Matabuena no tiene ningún compañero de garantías en el mediocentro. También la portería, cubierta por el mediano Sergio Sánchez, era una carencia importante; sin embargo, el fichaje de Iván ‘Pichu’ Cuéllar ha sido un gran paso adelante: estas dos últimas jornadas, el cancerbero procedente del Atlético de Madrid ha dotado de seguridad y confianza al equipo atrás.

Y es que, hasta hace dos jornadas, el Sporting ha sido un auténtico colador. Cuatro goles del Sevilla, seis del Barça y siete del Real Madrid se antojan un castigo excesivo al equipo, pero nivelado con respecto a la capacidad de su portero de atajar los muchos tiros que debería siendo portero de un equipo tan pequeño. También Getafe y Villarreal ganaron al Sporting, cenicienta casi oficial de la Primera División. Pero esta última jornada, los de Gijón han visto la luz derrotando al Mallorca por 0-2. Podrían cambiar la tendencia, entrar en racha…

… La misma en la que se está instalando el Málaga de Antonio Tapia. El técnico malagueño siempre ha sido un entrenador de viento a favor: cuando algo le empieza a ir bien, todo irá bien. Las victorias se suceden, y parece que a los de La Rosaleda les llega ese momento: dos partidos ganados frente a Valladolid (2-1) y al Recreativo (0-4) podrían ser el inicio de una senda victoriosa. Lo malo es que, tras un partido asequible frente al Getafe, ahora llega la temible ráfaga: los cuatro grandes consecutivos.

Las armas del Málaga empiezan por un contragolpe efectivo, merced a un repliegue relativamente adelantado que favorece la salida en tromba. Dos jugadores rápidos en cada banda como Duda y Eliseu, dos tanques habilidosos como Adrián y Baha. Y se podría decir que ahí terminan: la defensa es frágil, si no ha encajado demasiados goles en estos dos partidos es porque los ataques de Valladolid y Recre son aún peores salvo chispazos individuales.

Visto lo visto, ¿descenderán los ascendidos al final de la temporada? La respuesta es que todos no lo harán. Y no porque ellos tengan mejor plantilla, mejor técnico o mejor estructura que otros clubes de la clase baja de Primera División; sino porque tienen la ilusión. No tienen mejores armas que sus contrarios, tienen el arma de la modestia.

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