El milagro se llama Hiddink


Arshavin va para crack, si no lo es ya, Zyryanov tiene una clase infinita, Pavlyuchenko tiene instinto asesino y una planta impresionante, Zhirkov se está erigiendo en el mejor lateral zurdo del campeonato. Cierto. Pero a todos estos jugadores, la mayoría desconocidos para el gran público, sólo les ha hecho jugar así de bien un señor holandés que antes tenía bigote y que ahora tiene una estatua en Ucrania: Guus Hiddink.

Pero el caso de este holandés errante es extraño. En España entrenó sin demasiado éxito al Real Madrid, donde sólo ganó una Copa Intercontinental, al Valencia, donde se le recuerda por ordenar que se retirase una bandera con la esvástica nazi de la grada en 1992, y al Betis, donde sólo duró tres meses en la temporada 1999/2000 en la que el club de Heliópolis terminaría descendiendo a Segunda División de la mano de Luis del Sol, aunque es venerado en su país, donde ha llevado al PSV Eidhoven a ganar 5 ligas y una Copa de Europa en 1988.

Pero el verdadero éxito le ha llegado a Guus Hiddink dirigiendo a combinados nacionales. En 2002, era el técnico de aquella Corea del Sur que gracias a Park Ji-Sung, Lee Young-Pyo, Ki Seol-Hyeon y algunos escándalos arbitrales como el de Al-Ghandour, de infausto recuerdo para los españoles, llegó a semifinales del mundial, cargándose a Italia y a España.

Pero además, en 2006 entrenaba a la selección australiana. Con los kangaroos llegó hasta la ronda de octavos de final del Mundial de Alemania. Australia le plantó cara a Brasil en la fase de grupos y pasó como segunda. Y su actuación pudo ser mucho más brillante de no ser por un árbitro español, (siempre liándola) Medina Cantalejo, quien una tarde de junio en Kaiserslautern le robó las ilusiones a millones de australianos cuando se inventó un penalty a favor de Italia cuando pasaban tres minutos del tiempo reglamentario. Totti marcó, eliminó a los de Hiddink y le dio la clasificación a Italia, que a la posrte sería campeona.

En esta Euro 2008 el técnico nacido en Varsseveld ha vuelto a obrar el milagro. Una selección rusa que ha prescindido de jugadores clave como Kerzhakov e Izmailov, que ha tenido que hacer frente a la baja de Pogrebnyak, máximo goleador de la presente edición de la Copa de la UEFA y que recibió cuatro goles de España en su partido de debut en el torneo, se ha transformado en un equipo rocoso, letal al contragolpe, incansable en la presión y que sabe manejar el balón cuando pasa por las botas de sus jugadores. Una selección que disfruta jugando al fútbol y que parece haber dejado atrás la etiqueta de anárquicos que tienen todos los equipos del Este de Europa.

Los rusos llegaron sin hacer ruido. Salieron goleados por 4-1 frente a España y ganaron con muchos apuros a Grecia con un solitario gol de Zyryanov. En el tercer partido debutó Arshavin, que había estado sancionado los dos encuentros anteriores, y de su mano, Rusia se impuso a la Suecia de Ibrahimovic por dos goles a cero en el partido que decidía quien pasaba a cuartos de final del torneo.

En esos cuartos, el rival era Holanda, y Hiddink, perro viejo, le ganó la partida a su compatriota Van Basten ahogando a los holandeses en el centro del campo e impidiéndoles mostrar la verticalidad que tan buen juego y resultados les había proporcionado en la fase anterior. Lo demás es historia, 3-1 para los ex-soviéticos y a las semifinales contra España. ¡Ojito!

PD: Ahora llega lo de España ¡Aún no me lo creo!

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