¡¡¡Qué deporte tan bonito coño!!!


Así decía el final del mensaje que me mandó un amigo  después de ver el fantástico partido entre Holanda y Rusia. Y tiene toda la razón.

Los dos equipos salieron al ataque, Holanda con Sneijder, Van der Vaart, Kuyt y Van Nistelrooy y los rusos con Saenko, Arshavin, Zyryanov y Pavlyuchenko pero en los primeros minutos el partido fue tenso, con mucho centrocampismo y sin apensas ocasiones.

Todo cambió a partir de la media hora de juego. Los rusos despertaron y comenzaron a lanzar contras mortales, dirigidas por Arshavin, el mago del Zenit, que tuvo la primera ocasión clara en un disparo envenenado que sacó con sus guantes el eterno Van der Sar. Holanda respondió con varias llegadas, que no pudo concretar Van Nistelrooy. El partido era trepidante.

En el minuto 56 saltó la sorpresa. Arshavin puso un balón al capitán Semak que recorrió toda la banda y centró para que Pavlyuchenko rematase a la red. Era el 1-0 y los de Hiddink dominaban el partido.

Después del gol, los rusos siguieron atacando, y los oranje sólo permanecían en el partido gracias a De Jong, un pulmón en el medio campo, y a los disparos lejanos de Sneijder, que apenas inquietaban a Akinfeev.

Zyryanov y Zhirkov tuvieron la sentencia en dos oportunidades claras que no supieron rematar, y, como en el fútbol los tópicos suelen cumplirse, el que perdona la acaba pagando y así ocurrió. En el minuto 86 de partido, cuando media Rusia se había echado a la calle para celebrar la victoria, Sneijder botó una falta lateral, activó la conexión madridista y encontró a Van Nistelrooy, que conectó un testarazo y batió irremisiblemente a Akinfeev.

Alegría para el aficionado neutral (como mínimo 30 minutos más de fútbol), júbilo para 17 millones de holandeses y desesperación para más de 140 millones de rusos. Llegaba la prórroga.

En el tiempo suplementario los rusos creaban las mejores ocasiones. En el minuto 97 Pavlyuchenko enganchó un zapatazo desde la frontal del área que impactó en el larguero, pero el combinado de Van Basten respondió con un disparo de Affelay que se fue lamiendo el palo. El partido estaba completamente roto.

Con los dos equipos volcados se abrieron más espacios y ahí comenzó el festival de Arshavin. El ’10’ del Zenit se lució en cada contra. En el minuto 100 del partido le regaló un balon de gol a Torbinski que remató demasiado flojo. Era el prólogo a lo que pasaría once minutos después. De nuevo los mismos protagonistas, Arshavin hizo un jugadón y le puso un centro a Torbinski que esta vez sí acertó a rematar al fondo de las mallas.

Aún quedaba la guinda del pastel, y el encargado de redondear la faena fue, cómo no, Arshavin. A cuatro minutos del final, con Holanda atacando a la desesperada, recogió un balón dentro del área y batió a Van der Sar por debajo de las piernas. 1-3, Rusia en semifinales y la máquina holandesa, que humilló a franceses e italianos en la primera fase, tendrá que hacer las maletas.

PD: ¡¡¡Qué partido!!!

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